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Era mujer. Era afroamericana. Hija de padres esclavos. Nació en los campos de algodón del sur. Se quedó huérfana a los seis años. Y fue víctima de abuso y maltrato. Cuando falleció en 1919, su empresa estaba valorada en más de un millón de dólares.

En una entrevista dijo “Tenía que ganarme la vida y crearme las oportunidades. No te sientes y esperes a que te vengan las oportunidades. ¡Levántate y ve a por ellas!”

La suerte al igual que las oportunidades son una cuestión de actitud. Madame Walker no solamente luchó por sobrevivir y montar su negocio, sino que además luchó contra las discriminaciones de ser una mujer negra en Estados Unidos.

William James decía “El gran descubrimiento de mi generación es que un ser humano puede alterar su vida al alterar sus actitudes”. Y es que tenemos la irremediable suerte de que podemos intentar cambiar las circunstancias de nuestra vida.

Poco a poco empezó a vender los productos que fabricaba en la puerta de su casa. “El Maravilloso Crecepelos de Madame Walker” que se hizo famoso en el barrio. Y ya por 1908 consiguió abrir su propia oficina donde vendía sus productos, consiguiendo así capacitar a mujeres para ser vendedoras de sus productos.

En 1910 consigue abrir su propio laboratorio “Laboratorios Madame J.C Walker”.

En la convención nacional de la liga de negocios de Negros, Julio de 1912, Walker dijo: “Soy una mujer que vino de los campos del algodón del sur. De allí me mandaron a lavar. Y de allí me mandaron a la cocina. Y después de eso intente moverme al negocio de la fabricación de mercancías y preparaciones del pelo…. He construido mi propia fábrica en mi propia tierra.”